20220808

Cerdo en salsa de limón

Estamos en el Salon Conrad, el reservado del Savoy Bar Club. Entre las cortinas se puede intuir el ajetreo típico del bar: el clin-clin de cubiertos, llamadas a camareros y risotadas lejanas. Estamos aquí porque Edgar me ha dejado tirado en plena fase inicial del proyecto.

—Me has dejado tirado en plena fase inicial del proyecto —digo.

Edgar estira la servilleta plegada con cuidado y la coloca sobre su regazo. Sobre la mesa está la vajilla de los viernes. Edgar aparta un poco el menú, bebe de su copa de cerveza y la deja en la mesa. Estira los labios y pasa la lengua sobre el bigote de espuma.

—Yan, no se trata de eso, se trata de que ha surgido algo más importante que trasciende los límites de nuestro acuerdo —dice.

—No hables como un gilipollas —digo yo, Yan, el idiota estafado por un mediocre—. No puedes invitarme a cenar a tu casa, no puedes echarte a llorar antes de una reunión contándome que no se te levanta desde hace tres años o pedirme prestada mi Arma Secreta y luego venirme con eso de «ha surgido algo».

Podemos decir, tras esto, que Yan está nervioso. Yan se fija en que la corbata de Edgar no es un estampado con símbolos chinos, sino pequeñas representaciones de emojis en forma de gato cósmico. Yan está borrando una antigua línea que juró no traspasar. Los ansiolíticos que toma parecen bichos bola en una colchoneta hinchable el día de la fiesta de fin de curso en el pabellón infantil. Un camarero entra en el reservado con un plato de cerdo en salsa de limón. Lo deja en la mesa.

—Cerdo en salsa de limón —dice.

Edgar parece muy interesado en un nuevo ritmo que ha desarrollado con los dedos tamborileando sobre la mesa. Tiene la cabeza ligeramente inclinada enseñándome su preciosa y bien proporcionada oreja caucásica de Gran Hijo de Puta. El camarero hace un gesto y se retira. Yan deja los mandos de la nave y se esconde en el hipotálamo del cerebro de Yan, y se los cede a una sombra desconocida que dice por su boca:

—En el mundo hay dos tipos de personas: las que se comen el puto plato de cerdo en salsa de limón pensando que Yan es sólo un bache por el que hay que bajar la presión de los neumáticos para que no dañe la carrocería de su Porsche Turbo 911, que sólo se trata de un pequeño malentendido, como cuando te equivocas con los impuestos que has pagado con tu asqueroso esfuerzo con los que creen que pueden permitirse la jodida vida que llevan cuando se van de vacaciones a Malibú pero no, porque viene Hacienda y les hunde un poquito más adentro ese pinchudo palo que ya tienen metido junto a un barómetro que marca «la has cagado, ¡puta corbata podrida!»; y luego están los del equipo de Yan ¿tú de qué tipo eres?

20220801

Soy yo

Estábamos sentadas en el coche en segunda fila. Desde la parte de atrás podía ver su perfil y parte de su frente en el retrovisor. La imagen que me devolvía el espejo era la pieza de un puzzle que me ponía la piel de gallina. Yo estaba apoyada en los asientos de delante, como quien se asoma a un paisaje maravilloso. El sonido de las luces de emergencia era el metrónomo en una conversación sin ritmo pero llena de tensión. Las farolas se acababan de encender. El tráfico pasaba en tres carriles a nuestra izquierda.
—Puedo hacer que se encienda la luz de cualquier ventana de ese edificio —dije.
—¿Para qué quieres hacer eso?
—Para lo que sea, pero te digo que puedo hacerlo. Tengo los teléfonos de todos los vecinos y les puedo pedir el favor de que enciendan una luz para ganar una apuesta —dije.
—¿Quién vive en ese edificio?
Me sentía poderosa, llena de energía. Encendió la radio con toda normalidad y miró la fachada del edificio. Sonaba algo ochentero tipo eme-ochenta-radio. Puso las manos sobre el volante como le habían enseñado a hacerlo. Yo había tocado ese volante. Había puesto mis manos ahí hacía media hora. Sabía que lo hacía a propósito. Yo ponía las manos igual. Los intermitentes se encendían y se apagaban. Tamborileó los dedos en el salpicadero y fijó la vista en un punto más allá de lo que podíamos ver.
—¿No deberíamos estacionar más adelante? —dijo.
—Creo que es mejor que esperemos —dije.
Yo quería decirle que estas semanas habían sido un despertar. Que podía visualizarme con ella. Que no me conformaba verla conducir o mirarla por el retrovisor mientras comprobaba la visibilidad antes de hacer un adelantamiento en una incorporación a la autopista. Que no me importaba que fuera mayor para sacarse el permiso.
—Está tardando mucho —dijo.
—Tenía ganas de quedarme a solas contigo Virginia. No puedo aguantar más. He visto como me miras, y siento lo mismo Virginia.
Virginia me miró de reojo y luego me buscó en el retrovisor con una cara que no puedo describir.
—¿Qué estás diciendo? —dijo.
La puerta del coche se abrió.
—Perdonad chicas, creo que el hot-pot de anoche no me ha sentado demasiado bien —dijo el instructor.

 

20220727

Lista de Cosas a Contemplar

un codo
la bolsa de basura
el gemido del lavaplatos
la clase media
los gritos de los borrachos en la noche
cómo se arruga la ropa sucia

20220726

Un huerto en Morlàas











Alquilamos un apartamento adosado a una casa más grande en Morlàas. Marie es la propietaria y vive allí con su marido. En la casa adyacente están su hermana y su madre. L, la madre de Marie, tiene el huerto junto a un vallado donde pastan la burra Adeline y tres cabras. L nos dijo que ella había nacido allí y que cuántos años le echábamos. Dijo que tenía 83. Nos enseñó el huerto y nos dio verduras (tres tomates feos y muy sabrosos, un calabacín, algunos cherry y un trío de remolachas). En la última foto se puede ver a nuestro amigo Leon [Lion?].

Fin de la Emisión

Está subida encima de él y grita de cuando en cuando mientras se mueve, como si no pudiera estar quieta. Toda la casa está en penumbra salvo por el televisor sin sonido que proyecta una película del Oeste. El suelo está fresco y seco. Es cerca de la hora de dormir. Lleva el traje con el que se mete en la ducha, el que se puede ver a través del vestido y del camisón. Está sentada empujando con todo el traje pero no muy en serio. Al principio tiene el cuerpo echado hacia delante con los brazos apoyados pero luego se echa hacia atrás y se mueve más rápido.

Desde el salón, la puerta entreabierta deja ver la escena. La cama también hace un chirrido continuo que resulta ser inquietante. Desde aquí no le veo a él, pero sí oigo que gruñe cuando no respira pesadamente. En un momento dado se quedan parados y dicen algo. Después ella se tumba y aparece él, que se pone encima. Lleva el mismo traje que ella, pero la posición es más grave. En la televisión colocan una manzana sobre la cabeza de una niña que espera recibir un disparo. Parece que el protagonista tiene buena puntería.

El día había empezado con un buen paseo. Después de un largo rato en coche nos bajamos y empezamos a caminar. Íbamos bordeando el río hasta unas pozas. El agua estaba helada. El sol nos secaba y nos hacía lanzarnos de nuevo a bañarnos. En ningún momento hubo muestras de hostilidad entre los dos. No parece haber un texto subrepticio en sus movimientos.

Ahora en la cama hay otro tipo de energía. Él empuja. Como si quisiera forzar sin combinación una caja fuerte. Si había alguna broma entre los dos, parece que se ha terminado. Ella gime débil y rítmicamente. Y de vez en cuando dice algo. El sonido de los muelles de la cama la hacen destartalada y vulnerable. La situación parece pedir una intervención. Él se impacienta un poco mientras sigue, convencido.

Al final, decido tomar cartas en el asunto. Me estiro durante un segundo. Acelero hacia la cama y aterrizo encima con facilidad. Nadie parece estar herido. No ladro, pero sí detecto un fuerte olor dulzón que identifico como humano. Ellos se quedan muy quietos y me miran. Me tumbo y me acurruco. En fin, desde aquí podré supervisarlos mejor. Al instante, mi amo me agarra del collar y me arrastra fuera de la cama. Fin de la emisión.

No entiendes nada

Qué raro es ver los perfiles
de la gente de Telegram.
Ponen algunas de sus fotos
intentando encajar en la humanidad.
Se ven en ellas, y parece que están
satisfechos. Les gusta lo que ven.
Luego te llegan a ti
y no entiendes nada.

20220630

No, gracias, estoy bien



Amelie Lens

Con respecto a la DJ, Amelie Lens, natural de Antwerp, aquí apunto algunas de las sesiones que he encontrado. En negrita las que me han entusiasmado más de momento:

2022 - Ultra Music - Miami
2022 - Exhale Radio
2021 - StuBru Residency
2021 - Tomorrowland Digital
2021 - Kompass Klub Closing - NYE Livestream
2021 - Exit Festival - Serbia
2021 - EXHALE Together - Antwerp
2020 - The Tunnel
2020 - Lockdown Session - Home
2020 - Essential Mix
2020 - Beatport Live - Antwerp
2020 - Awakenings - Gashouder
2019 - Tomorrowland - Belgium
2019 - Time Warp
2019 - The Tunnel - Studio Brussel
2019 - Street Parade ARTE
2019 - Cercle - Atomium
2019 - Awakenings - Area Y
2018 - Exit - Serbia
2018 - Awakenings
2017 - Cercle - La Plage
2017 - Awakenings - Area Y

El techno me llena de energía y de ganas. Todavía estoy descubriendo porqué unas sesiones me suben y otras no. En pleno descubrimiento en convivencia con los prejuicios.

De este año todavía estoy esperando que aparezcan:

2022 - EXHALE Together
2022 - Awakenings Easter
2022 - Cercle - Musée de l'Air et de l'Espace

20220629

La Quinta

De buena mañana,
había cinco palomas
Al pasar, cuatro se instalaron
en un cable y la quinta
en otro.
Y me metí en el metro.