24 de abril de 2014

3 de enero de 2014

El sol de los Scorta. Laurent Gaudé

Un bandido, calor, polvo, robos y violaciones. Su descendencia. Los personajes son tratados lacónicamente, mostrando su ferocidad con pocos detalles, cómo si al haber menos palabras los hechos imaginables fueran más terribles. Pero Gaudé tiene muy buenos detalles:

Un hombre sucio y cubierto de polvo entraba a casa de los Biscotti, a la hora en que los lagartos sueñan con ser peces y las piedras no pueden reprochárselo.

Aunque es demasiado: “lo sabía”, “así era”, “nunca fue de otro modo”, como reafirmando cada cosa con frases cortas, como si fueran frascos de información breve pero de vital importancia, recalcando todo, blanco o negro, pero no gris. Sus personajes no dudan, se dejan llevar o mandan, no tienen misterio -o por el contrario, lo tienen debido a su simplicidad-, lo saben, nunca sospechan o presienten: lo saben. Sus actitudes son planas, aunque cuando van alcanzando la madurez muestran mayor profundidad y trascendencia: la muerte, el sentido de la vida… Me ponía un poco nervioso que soltara tan poca información: es como si cada frase fuera un continuará, y luego no hubiera para tanto, pero tenía su sú, aunque nada demasiado especial, de todos modos, aunque quema, poco a poco te bebes la sopa, y está rica. La sequedad y sencillez del pueblo, el amor a la propia sangre y las costumbres. Además para mí tiene el factor exótico italiano, la salsa de tomate y esas cosas. Y adjetivos jugosos y sabrosos, cómo si aquella situación fuera legendariamente calurosa, o árida, o así. Los mayores dan consejo y transmiten su sabiduría  a  los pequeños y ellos guardan respetuoso silencio pensando por ello que reciben el conocimiento, condensado en pocas palabras y que se han convertido en hombres montepuccianos. Un hombre que siempre sonríe al ver el producto de la tierra sobre su mesa.
C

 Laurent Gaudé

El sol de los Scorta

Salamandra, Quinteto, Mayo 2008

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2 de enero de 2014

Salvar al soldado Ryan. Steven Spielberg

2.i.2014//¿Qué tiene “Saving Private Ryan”? Unos medios espectaculares -qué poco hacen ahora con 70 millones de dólares en este siglo-, un reparto mítico, escenas de guerra hiperrealistas, un guión muy bien estructurado y dramático, una fotografía increíble (Janusz Kaminski), una banda sonora conquistante, y un director de oro. Y así podríamos seguir, esta película tiene el qué y el cómo: ha sido diseñada con pasión. 

Haber elegido la historia de la trágica muerte de tres hermanos y la misión de salvar al cuarto, ya es otro cantar. Empieza con la antológica representación del desembarco de Normandía (25 minutos de guerra pura con tal realismo que no recuerdo haber visto en otra película bélica), e introduciendo el uniforme con el ‘RYAN’ bordado. Continúa con una serie de escenas -cada cual más dramática- que atrapa desde el principio, con el primer disparo. No quiero resumir el filme, pero no me resisto a enumerar algunas escenas. La expresividad con que desde la central de telégrafos se comunican las muertes de los soldados y el contraste de la guerra con la idílica casa rodeada de campos dorados -grabado con un filtro y color memorables- y una madre que recibe postrada en el porche la noticia del fallecimiento de sus hijos. Así -dejando a un lado las palabras de Lincoln- introducen el primer gran nudo de la trama tras haber presentado tímidamente a los protagonistas entre explosiones.

A partir de ahí y con Hanks a la cabeza, empieza la misión con los mejores. Cada escena es sorprendente: una familia que tiernamente intenta dejar a su niña francesa con los soldados; como se elimina la pared y quedan frente a frente alemanes y americanos; el punto de inflexión de la compañía cuando tras la dramática muerte del médico y el abandono del prisionero -que luego vuelve al campo de batalla- aparece la desesperación, la crisis y dudas sobre el sentido de la misión. Una deliciosa escena a contraluz y al atardecer; buscar a Ryan irreverentemente entre las medallas de los soldados muertos y dar la noticia de la muerte de sus fratelli a un ‘falso’ Ryan antes de encontrar a un joven Damon. Y sigue y sigue. Lo que cuenta, es tan sorprendente -no sé hasta que punto es mérito de Robert Rodat- y lo hace de un modo tan vivo y épico, que es improbable que no te absorba.

En fin, para qué comentar más la evidencia -olvidando el humor y sentimentalismo patriótico americano-. “Merézcalo” (“Make all of this worthwhile”), con ese imperativo trascendente e inspirador se cierra esta genial narración.

B

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