27 julio, 2022

Lista de Cosas a Contemplar

un codo
la bolsa de basura
el gemido del lavaplatos
la clase media
los gritos de los borrachos en la noche
cómo se arruga la ropa sucia

26 julio, 2022

Un huerto en Morlàas











Alquilamos un apartamento adosado a una casa más grande en Morlàas. Marie es la propietaria y vive allí con su marido. En la casa adyacente están su hermana y su madre. L, la madre de Marie, tiene el huerto junto a un vallado donde pastan la burra Adeline y tres cabras. L nos dijo que ella había nacido allí y que cuántos años le echábamos. Dijo que tenía 83. Nos enseñó el huerto y nos dio verduras (tres tomates feos y muy sabrosos, un calabacín, algunos cherry y un trío de remolachas). En la última foto se puede ver a nuestro amigo Leon [Lion?].

Fin de la Emisión

Está subida encima de él y grita de cuando en cuando mientras se mueve, como si no pudiera estar quieta. Toda la casa está en penumbra salvo por el televisor sin sonido que proyecta una película del Oeste. El suelo está fresco y seco. Es cerca de la hora de dormir. Lleva el traje con el que se mete en la ducha, el que se puede ver a través del vestido y del camisón. Está sentada empujando con todo el traje pero no muy en serio. Al principio tiene el cuerpo echado hacia delante con los brazos apoyados pero luego se echa hacia atrás y se mueve más rápido.

Desde el salón, la puerta entreabierta deja ver la escena. La cama también hace un chirrido continuo que resulta ser inquietante. Desde aquí no le veo a él, pero sí oigo que gruñe cuando no respira pesadamente. En un momento dado se quedan parados y dicen algo. Después ella se tumba y aparece él, que se pone encima. Lleva el mismo traje que ella, pero la posición es más grave. En la televisión colocan una manzana sobre la cabeza de una niña que espera recibir un disparo. Parece que el protagonista tiene buena puntería.

El día había empezado con un buen paseo. Después de un largo rato en coche nos bajamos y empezamos a caminar. Íbamos bordeando el río hasta unas pozas. El agua estaba helada. El sol nos secaba y nos hacía lanzarnos de nuevo a bañarnos. En ningún momento hubo muestras de hostilidad entre los dos. No parece haber un texto subrepticio en sus movimientos.

Ahora en la cama hay otro tipo de energía. Él empuja. Como si quisiera forzar sin combinación una caja fuerte. Si había alguna broma entre los dos, parece que se ha terminado. Ella gime débil y rítmicamente. Y de vez en cuando dice algo. El sonido de los muelles de la cama la hacen destartalada y vulnerable. La situación parece pedir una intervención. Él se impacienta un poco mientras sigue, convencido.

Al final, decido tomar cartas en el asunto. Me estiro durante un segundo. Acelero hacia la cama y aterrizo encima con facilidad. Nadie parece estar herido. No ladro, pero sí detecto un fuerte olor dulzón que identifico como humano. Ellos se quedan muy quietos y me miran. Me tumbo y me acurruco. En fin, desde aquí podré supervisarlos mejor. Al instante, mi amo me agarra del collar y me arrastra fuera de la cama. Fin de la emisión.

No entiendes nada

Qué raro es ver los perfiles
de la gente de Telegram.
Ponen algunas de sus fotos
intentando encajar en la humanidad.
Se ven en ellas, y parece que están
satisfechos. Les gusta lo que ven.
Luego te llegan a ti
y no entiendes nada.