27 junio, 2022

La Primera Norma del Manual


El Motivador Número Uno sonríe y dice:
—¡Muy bien! Venga hombre, que esto no es el Rotary Club. ¡Abrid el cuaderno por la página 37!
Todos buscan la página mirando hacia abajo y hay alguien entusiasmado que grita:
—¡Guapo!
El Motivador Número Uno levanta las manos:
—Calma, calma. Sé que no estáis pasando por un buen momento. Ya estamos hartos de que no nos tomen en serio. Pero se ha terminado porque ahora ¿¡ahora quién está al mando!?
El público grita enfurecido:
—¡¡Nosotros!!
El Motivador Número 1 dice:
—¿Y quién pone las reglas?
El público vuelve a gritar:
—¡¡Nosotros!!
—Exactamente —dice el Motivador Número 1—. Que no os engañen, vosotros tenéis el control. Mamá ya no está aquí para protegeros. Abajo hay una piscina con pelotas de colores, podéis marcharlos allí si queréis, porque ahora vosotros ponéis las normas. Y toda esa fuerza sale de aquí, de la mina de oro —dice mientras se acaricia el bíceps con la otra mano—.

En la primera fila hay un chico bastante escuálido que toma notas en una libreta a cuadros. La última frase que ha escrito es: “Toda esa fuerza sale de aquí”. El Motivador Número Uno se fija en él.
—A ver tú, chico, ¡ven aquí, sube aquí arriba! ¿Cómo te llamas?
—Bernardo, señor
El Chico Bastante Escuálido mantiene las manos cruzadas tapándose los genitales con la libreta y la cabeza ligeramente agachada.
—Fernando, ¿te das cuenta de que tu felicidad depende de ti mismo?¿Porqué estás tan zombie? Deja ya de llorar. ¿No te das cuenta de que eres adicto?
—Por eso estoy aquí, señor. No lo llevo bien —dice el Chico Bastante Escuálido.
—Así me gusta, reconocerlo es importante. Mirad todos bien a Fernando. Fernando es un adicto. ¿Y cuál es la primera norma del Manual?
El público guarda silencio. Y el Motivador Número Uno pregunta de nuevo:
—¡¿Cuál es la primera norma del Manual?!
El Chico Bastante Escuálido deja caer la libreta de las manos, y se arrodilla. Pone los brazos en cruz y grita a pleno pulmón:
—¡Oh, Señor, ayúdame porque he pecado! ¡Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo!
Y dicho esto, el Chico Bastante Escuálido se desploma en el suelo.

Aquel día fue revelador para mí y empecé a frecuentar el grupo. Todavía tengo recaídas, pero sé que esto no es un sprint, es una carrera de fondo, y aunque todavía me hago algún selfie, ya no doy a ‘me gusta’ a nada.

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