Aguarrás

No habiendo más tiempo, dejó de pronunciar. Quedó mudo. Cuando tenía quince años se enrolló con su profesora de pintura. En el aeropuerto una voz anunció la inminente salida de un vuelo. Max prestaba atención a la azafata al teléfono, el señor que llevaba la mascarilla colocada del revés, al sonido de un cochecito eléctrico y la culpabilidad apretándole ligeramente en la zona del hipotálamo. Debe de ser el disolvente lo que te había llevado al olor del aguarrás. Un empleado del aeropuerto empujaba su equipo de limpieza. Qué distintos eran su profesora y aquel empleado. Interceptó una conversación. Hablaban del final de una serie. El anochecer ya era distante, en la pista solo se veían pilotos luminosos y señalización reflectante.

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