Malinche, un musical de Nacho Cano

Este musical show en realidad va de Hernán Cortés y no tanto acerca de Maliche. Resulta entre otras cosas (no he podido recoger algunas etiquetas a lo largo de tres horas con descanso que dura este espectacular show) chabacano, sexista, racista, supremacista y añadiré que se trata de una versión superdotada y hortera adoctrinante del anuncio de los Conguitos o de Cola-Cao.
 
Después de entrar y comer nachos y tacos en la espectacular cantina de neón, ver en la tienda la mercancía en forma de camisetas y dios sabe qué otros productos, saber de la existencia de un documental en Netflix, —con visibles intentos de juntar y abrazar dos culturas emparentadas de manera bochornosa y casi intercambiar JC por NC [1]— las referencias explícitas a los doce años que tardó Nacho Cano en hacer este musical y su aparición final para entre otras cosas, cantar una canción, ya sin taconeos, con él mismo frente al público, el profeta en persona "mexicano, americano y español", me siento machacado.

No sé, tengo la sensación de que sobre esa carpa de miles de toneladas (y dentro de esas toneladas podemos incluir un altísimo porcentaje de talento técnico que trae una escenificación gloriosa, actores/trices, bailaores, músicos, creativos, etc) flota una sensación de salvación, de que este show (insisto, porque sólo se puede calificar así, es algo que no cabe en palabras más largas) ha sido una obra benéfica (no exactamente, por el precio) que necesitábamos urgentemente, de que menos mal que ha venido Nacho para reconciliarnos con nuestro pasado. Y ¿sabes?: absolutamente no.
 

 [1]: No veía esos intentos de actualizar la sombra de Jesucristo desde la escena evangelizadora de la película 'Jobs' (2013) con Ashton Kutcher como un Steve Jobs bíblico descalzo sobre la hierba y las miradas esperanzadoras de sus seguidores ante la buena nueva de la gran manzana blanca.

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